Guerra por Eurasia: 7 claves decisivas para leer el conflicto global

Ucrania, Medio Oriente y Taiwán aparecen como frentes conectados de una disputa mayor. Este enfoque interpreta el presente como una guerra global no declarada por el control geopolítico del supercontinente donde se concentra el poder mundial.

Resumen

  • La guerra por Eurasia se plantea como un conflicto global en curso, no como un evento futuro.
  • La teoría del “Corazón de la Tierra” (Mackinder) funciona como lente para leer los movimientos de las potencias.
  • Ucrania y Taiwán son piezas estratégicas en ese tablero, dentro de un reordenamiento hacia bloques.

Guerra por Eurasia: qué pasó

Guerra por Eurasia es la etiqueta que permite reinterpretar el escenario global como un conflicto planetario sin declaración formal. Bajo este enfoque, los choques en Ucrania, Medio Oriente y el Mar de China Meridional no serían hechos aislados, sino frentes interconectados de una misma disputa por recursos, territorios y mercados.

La idea de “guerras mundiales” con fecha de inicio y fin aparece como una simplificación histórica. El asesinato del archiduque Francisco Fernando, por ejemplo, se presenta como pretexto y no como causa de la Primera Guerra Mundial. La causa real se vincula con la disputa por el reparto de colonias y posiciones de poder en el sistema internacional.

Desde esta mirada, el propósito final de toda guerra no sería la justicia ni la libertad, sino apropiarse de lo que el otro posee. En consecuencia, para descifrar la contienda actual se propone ir más allá de los relatos coyunturales y observar raíces geopolíticas persistentes: lógicas territoriales que se mantienen en el tiempo y reaparecen con intensidad renovada.

Guerra por Eurasia: la clave

La clave para entender la guerra por Eurasia es recurrir a teorías geopolíticas clásicas. Estas ideas explican por qué Eurasia ha sido —y sigue siendo— el epicentro del poder global y el objetivo principal de cualquier potencia con aspiraciones hegemónicas. El eje conceptual es el “Corazón de la Tierra” formulado por John Halford Mackinder en 1904.

En ese esquema, la “Isla del Mundo” es Eurasia y el “Heartland” es la vasta región de Asia Central y Siberia, en gran parte territorio ruso. Europa del Este, con Ucrania como pieza central, se define como puerta de entrada viable a esa región. La geografía, en esta lectura, estructura las estrategias: barreras naturales y accesos determinan vulnerabilidades.

La “Gran Llanura Europea”, que se extiende desde Francia hasta los Urales, aparece como el corredor clave. Por eso se plantea que la estrategia histórica de Rusia consiste en asegurar su frontera oeste, apoyándose en referencias como los Cárpatos y el río Vístula. Controlar Polonia y Ucrania se vuelve, en esa lógica, una prioridad defensiva recurrente.

En contraste, Alfred Mahan desarrolló la teoría del poder marítimo: quien domina los mares controla rutas comerciales y, por lo tanto, capacidad de proyección global. Esta doctrina se vincula con la estrategia de Estados Unidos, cuya red de bases navales se interpreta como forma de ejercer influencia desde la periferia de la “Isla del Mundo”, apoyándose en aliados como Alemania, Israel y Japón.

Tras la caída de la Unión Soviética, se sostiene que Occidente actuó para ganar control sobre la periferia del Heartland, en un marco donde la expansión de la OTAN hacia el este no habría sido solo defensiva. En esta interpretación, la arquitectura de seguridad se lee como parte de una avanzada por posiciones estratégicas sobre el continente euroasiático.

Un dato: por qué Eurasia es el tablero principal

El argumento se refuerza con una idea material: la centralidad de Eurasia no sería abstracta, sino demográfica y económica. Se afirma que la “Isla del Mundo” concentra aproximadamente el 70% de la población mundial y el 70% de los recursos necesarios para la supervivencia y el desarrollo global, incluyendo energía, minerales críticos y tierras fértiles.

La implicancia, bajo esta lógica, es directa: cualquier nación que aspire a hegemonía global debe controlar – o al menos influir de manera decisivo – sobre ese territorio. Dominar Eurasia equivaldría a dominar el planeta y su futuro económico. A partir de allí, los frentes actuales se presentan como manifestaciones de esa puja por el centro neurálgico del mundo.

Qué mirar: el nuevo orden tripolar y los frentes abiertos

El texto describe un tránsito hacia la “desglobalización” y la consolidación de un orden tripolar, con bloques liderados por Estados Unidos, China y Rusia. Los conflictos actuales serían la disputa por definir fronteras de influencia. En este marco se destacan dos frentes: Ucrania, por Europa del Este, y Taiwán, como llave estratégica del Asia-Pacífico.

Ucrania se interpreta como la puerta de entrada al Heartland: para Occidente, una ofensiva para debilitar a Rusia e impedir su control sobre esa vía. En Asia, Taiwán se presenta como pieza para romper la “primera cadena de islas”, línea de contención estadounidense que va de Japón a Filipinas. Se menciona una segunda cadena, más al este, como refuerzo del cerco.

El control de Taiwán, se sostiene, no solo rompería ese bloqueo sino que convertiría el Estrecho de Taiwán —hoy aguas internacionales— en aguas territoriales, alterando el mapa estratégico y asegurando rutas comerciales. También aparecen actores “comodines”: mundo islámico, India y sudeste asiático. Su alineamiento podría inclinar la balanza entre bloques.

Finalmente, África y Sudamérica se describen como regiones periféricas dentro del gran juego. Esa condición, sin embargo, se presenta como oportunidad: si actúan con inteligencia y unidad, podrían aprovechar la rivalidad entre potencias para negociar mejores condiciones y obtener beneficios. La reconfiguración, en esta lectura, se decide en tiempo real.

Fuentes

  • Juan Miguel Zunzunegui (13/06/2025). ¿Ya empezó la Tercera Guerra Mundial? La historia se repite [Video]. YouTube. Ver fuente