El DNU toxicológico en Salta y la nueva frontera del poder disciplinario
PODER


El DNU firmado en Salta impone un nuevo requisito de permanencia para toda la planta política y estatal, desde el Gobernador hasta los ingresantes. La medida, que obliga a los funcionarios a someterse a pruebas de detección de drogas, instala un debate clave sobre los límites entre la transparencia, el control institucional y los derechos individuales en la función pública.
El control de la integridad como política de poder
El Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que establece exámenes toxicológicos obligatorios en Salta no es una simple medida de transparencia, sino un sofisticado instrumento de poder disciplinario. La medida redefine las condiciones para ejercer un cargo público, vinculando la aptitud para la función a una condición biológica y estableciendo un nuevo mecanismo de control sobre la totalidad del aparato estatal.
¿Qué dispone el DNU en Salta?
El decreto establece un régimen de control toxicológico de cumplimiento estricto para toda la estructura pública provincial y municipal. Sus puntos clave son:
A quiénes alcanza: Abarca a la totalidad de los funcionarios de los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), organismos de control y municipios. La norma incluye explícitamente a Gobernador, vicegobernador, ministros, jueces de la Corte, magistrados del Ministerio Público, legisladores provinciales, intendentes, concejales y todo el personal que ingrese a la administración pública.
Qué exige: La obligación de someterse a exámenes para la detección de sustancias psicoactivas prohibidas. Específicamente, se buscarán metabolitos de opioides, cannabinoides, cocaína, anfetaminas, benzodiacepinas y barbitúricos, entre otras.
Cómo es el procedimiento: El proceso se realizará en dos etapas. Primero, un test rápido sorpresivo y homologado. Si el resultado es positivo, se activará un segundo análisis confirmatorio de mayor rigor científico en laboratorios habilitados y designados por sorteo. La normativa asegura garantías como la cadena de custodia y el derecho a una contraprueba.
El mecanismo institucional: Requisito de cargo y consecuencias
El DNU transforma la prueba toxicológica en una condición para la permanencia en la función pública. Según el Gobernador Gustavo Sáenz, no se trata de una "invitación, sino una obligatoriedad". Las consecuencias institucionales de un resultado positivo están claramente diferenciadas:
Cargos electivos o magistrados: Un resultado positivo activará los mecanismos constitucionales de remoción correspondientes, como el juicio político para el poder ejecutivo y legisladores, o el jurado de enjuiciamiento para los magistrados judiciales.
Funcionarios designados: Para el resto de los funcionarios sin estabilidad constitucional, el resultado positivo será una causal directa de remoción del cargo.
El dispositivo de poder: Disciplina, reputación y control político
Más allá de su objetivo declarado de transparencia, el DNU funciona como un dispositivo de poder disciplinario. Ejerce control directamente sobre los cuerpos de los funcionarios, estableciendo que la "aptitud" para el cargo no depende solo de la idoneidad técnica o ética, sino de una condición biológica verificable. Este mecanismo impacta directamente en la reputación política y crea una nueva herramienta de control. La mera posibilidad de una filtración selectiva o de un falso positivo puede convertirse en una potente arma política, haciendo de la reputación un objetivo directo de esta vigilancia biológica.
Tensiones jurídicas y administrativas: Garantías e implementación
El DNU detalla ciertos aspectos del procedimiento, como la realización de tests sorpresivos y el derecho a contraprueba para garantizar la defensa. Sin embargo, la comunicación oficial no especifica elementos clave para su implementación, lo que genera interrogantes sobre su aplicación práctica. Las principales ausencias de información son:
Frecuencia de los exámenes.
Tipo de muestra para el test (sangre, orina, etc.).
Órgano de control específico responsable de la implementación.
Protocolo detallado sobre la cadena de custodia.
La otra cara de la medida: Riesgos de los exámenes toxicológicos obligatorios: Selectividad y arbitrariedad
Las indefiniciones en el protocolo de implementación crean un marco de discrecionalidad que es, en sí mismo, un instrumento de poder. La falta de criterios públicos sobre la frecuencia de los exámenes, el órgano de control y los detalles de la cadena de custodia podría permitir una aplicación selectiva o arbitraria del DNU. Un instrumento concebido para garantizar la transparencia podría, en un escenario de discrecionalidad, convertirse en una herramienta de persecución o disciplinamiento político contra adversarios o funcionarios díscolos.
Los argumentos a favor y las objeciones de fondo
La medida genera una tensión entre la demanda de mayor control sobre los funcionarios y la protección de las garantías individuales.
# Las voces a favor: Transparencia y confianza ciudadana
Desde el gobierno provincial, se presentaron sólidos argumentos para justificar la medida, centrados en la necesidad de fortalecer la legitimidad institucional:
Gobernador Gustavo Sáenz: Defendió la norma como un "hecho de transparencia ante la sociedad" y una "obligatoriedad" para asegurar la "claridad de juicio" en la toma de decisiones.
Matilde López Morillo (Secretaria General de la Gobernación): Sostuvo que la medida busca "renovar la confianza de los ciudadanos en las instituciones", ya que la ética del funcionario "no puede estar turbada o nublada por algún consumo problemático".
Juan Esteban Romero (Diputado provincial mandato cumplido): Afirmó que la iniciativa "va a mejorar la institucionalidad" y que "desde la política tenemos que dar el ejemplo" en la lucha contra el flagelo de las drogas.
Griselda Galleguillos (Diputada provincial): Calificó la medida como "ejemplificadora" y necesaria para fortalecer la "credibilidad de los políticos", argumentando que "si queremos erradicar el narcotráfico hay que empezar desde casa".
# Las objeciones: Garantías constitucionales y el principio de privacidad
Aunque la fuente oficial no recoge voces críticas, un análisis jurídico permite identificar colisiones con principios fundamentales. La medida podría entrar en tensión con:
El derecho a la privacidad e intimidad: Al imponer un examen sobre el cuerpo y los hábitos personales sin el consentimiento explícito y libre de la persona, sino como una condición de permanencia laboral.
La presunción de inocencia: Al establecer un control generalizado y sorpresivo sobre toda la planta estatal, no basado en sospechas fundadas o en un hecho concreto, sino en una presunción general de riesgo.
Las garantías del debido proceso: El riesgo de que la falta de protocolos detallados y públicos derive en una aplicación punitiva y selectiva, en lugar de constituir una herramienta legítima y objetiva de control sobre la idoneidad para el cargo.
Esta colisión de principios pone en jaque la máxima de que el Estado debe tratar al funcionario como un ciudadano con derechos, y no como un sujeto bajo sospecha permanente.
El modelo de legitimidad en juego
Este DNU en Salta promueve un modelo de legitimidad institucional basado en la disciplina y el control sobre los cuerpos de los funcionarios. La medida no solo plantea una pregunta sobre la construcción de la confianza, sino que impone una respuesta: la legitimidad, en esta nueva visión, emana menos de la deliberación y más de la vigilancia corporal.